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Jorgito Lasmuecas, que se ha convertido en el
particular doctor Moriarty de Bobo, obtuvo esta fotografía,
en la que puede verse, de espaldas, al teleco con el que la Puri
le pone los cuernos a Bobo, desde hace unos tres meses, y nos la
hizo llegar, porque quiere ser colaborador de Discofagia. Con independencia
de nuestra política de contratación, que no tenemos
por qué airear (estamos estudiando tu curriculum, Jorge),
no queremos dar por absolutamente definitiva una prueba que no ha
sido contrastada. Por esa razón, publicamos esta fotografía
con muchísimas comillas y anunciamos que, en las próximas
entregas de las cartas que le interceptamos al abuelo con nuestro
terrible programa informático HJ24, iremos publicando las
fotografías resultado de nuestra investigación. Nos
parece informativamente importante documentar la supuesta infidelidad
de la Puri, puesto que la noticia se produjo, hace dos meses, y
tuvo como fuente, precisamente, a El Muecas, que no es objetivo
con Bobo, ni puede serlo: no en vano le pulió los bongos.
Jorge Lasmuecas, escindido de Greñas en el Culo y padre de
Rastas en el Paquete (han entrado en la órbita Dover) es
el enemigo más acérrimo de Bobo, nuestro rebelde sin
causa y heavy de palo particular. Todo esto tampoco va a influir
en el proceso de selección que estamos haciendo con Jorge,
claro, pero podemos hacernos unas bonitas risas. Ya veremos.
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Bobo:
O le pones fin a esta hecatombe familiar, o mejor te buscas una cueva
profunda y te encierras dentro, hasta el fondo, de modo que no te saque
ni la infantería yanqui. Que sepas: que mi hija (o sea, tu madre)
y yo preferimos de entre los males, el menor: es decir, antes, a tu
novia (sí, la Puri) que a ti. Que sepas: que si la Puri te pone
los cuernos, por algo será; o sea, que la culpa es tuya, y con
seguridad, por inacción (que eres un “dejao”, hasta
para eso). Que sepas: que mi hija y yo somos plenamente conscientes
de que tu novia te la pega con un teleco. Sí. Que sepas que lo
entendemos perfectamente. Que eso lo haría hasta una burra lela.
Que sabemos que la Puri no es ninguna burra lela y que tiene motivos
de sobra para ponerte los cuernos, aunque sólo sea para que te
vayas jeringando, por el desinterés con el que has llevado la
relación... o lo que sea que has llevado con la pobre chica.
Que la Puri es la única persona, de entre los especímenes
incalificables que te rodean, que sabe lo que es un libro y un aula,
lo cual es mucho decir, en tu ambiente... o lo que sea el ámbito
sociocultural en el que pergeñas a diario el fin de la especie,
ambición ésta frustrada, al menos de momento. Que no has
cuidado en absoluto tu relación de pareja, y cómo ibas
a hacerlo, si sólo vives para esa motillo meterruido y para el
top manta, pedazo de mangui. Que entendemos que la Puri, allá
en el fondo de su corazón, muy en el fondo de su corazón,
en un lugar del corazón profundamente oscuro y recóndito,
oculto a los ojos del resto de las personas, pequeñito..., pues
no te quiere ya absolutamente nada, ha comenzado a desvincularse de
un zombi con greñas, cuyo futuro se conjuga siempre en imperfecto
de subjuntivo, o mejor, en condicional. (Vamos que tu serás alguien
o algo comprensible para una mente humana normalmente socializada, “sólo
si...”, “siempre y cuando se produzca que...”, “exclusivamente
cuando se den las siguientes improbables circunstancias”.) Y que
si la Puri ha comenzado a reaccionar, aborreciéndote, nosotros
no queremos que la chica nos aborrezca. Y hablando de futuro condicionado,
Bobo, he aquí el verdadero motivo de esta carta. Las condiciones,
Bobo, las condiciones. Condición absoluta y total: me importan
un bledo tus tubulares, pero ni tu madre ni yo estamos dispuestos a
perder a la Puri (alguien de tu edad con quien charlar en términos
normales). Así que, por lo que a nosotros hace referencia, recuperas
a tu novia y punto. No nos va a preocupar en absoluto que ella siga
viéndose con el teleco. Es más, el teleco nos cae muy
bien. Tampoco nos preocupan tus sentimientos; nosotros no los tenemos
hacia ti. Y, por eso, no nos preocupan tus preocupaciones, porque tú
no tienes preocupaciones que sean capaces de generar en tu madre y en
tu abuelo sentimientos de ningún tipo, salvo el de repulsa. No
nos interesa tampoco intercambiar ni una sola palabra de todo esto con
un semoviente como tú, que, el mes pasado, se pasó varias
horas al día mendigando, para hacerse, con la pasta, la lengua
bífida. Si tú no tienes escrúpulos, nosotros menos.
El teleco se queda, nos lo quedamos; pero tú, ahí quieto,
como si no supieras nada de nada, vive como un cornudo feliz la vida
que tú mismo te has buscado.
Edgar Allan
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Esta señora nos ha puesto una querella,
porque asegura que se trata de la abuela de Bobo y nunca la hemos
mencionado. Es evidente que la fósil está majara.
Pero, ya que saca el tema, ¿por qué el abuelo Edgar
Allan no habla nunca de su señora?, ¿qué
ha pasado con la abuela de Bobo, a quien nadie menta? |
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