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#19
Feb
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CARTAS A BOBO
Carta número ochenta y siete mil siete
Si quieres reprocharle algo al abuelo o tienes algo que aportar al caso The Cafres Corderos Band dirígete a elabuelo@discofagia.com

 

Jorgito Lasmuecas, que se ha convertido en el particular doctor Moriarty de Bobo, obtuvo esta fotografía, en la que puede verse, de espaldas, al teleco con el que la Puri le pone los cuernos a Bobo, desde hace unos tres meses, y nos la hizo llegar, porque quiere ser colaborador de Discofagia. Con independencia de nuestra política de contratación, que no tenemos por qué airear (estamos estudiando tu curriculum, Jorge), no queremos dar por absolutamente definitiva una prueba que no ha sido contrastada. Por esa razón, publicamos esta fotografía con muchísimas comillas y anunciamos que, en las próximas entregas de las cartas que le interceptamos al abuelo con nuestro terrible programa informático HJ24, iremos publicando las fotografías resultado de nuestra investigación. Nos parece informativamente importante documentar la supuesta infidelidad de la Puri, puesto que la noticia se produjo, hace dos meses, y tuvo como fuente, precisamente, a El Muecas, que no es objetivo con Bobo, ni puede serlo: no en vano le pulió los bongos. Jorge Lasmuecas, escindido de Greñas en el Culo y padre de Rastas en el Paquete (han entrado en la órbita Dover) es el enemigo más acérrimo de Bobo, nuestro rebelde sin causa y heavy de palo particular. Todo esto tampoco va a influir en el proceso de selección que estamos haciendo con Jorge, claro, pero podemos hacernos unas bonitas risas. Ya veremos.

Bobo:
O le pones fin a esta hecatombe familiar, o mejor te buscas una cueva profunda y te encierras dentro, hasta el fondo, de modo que no te saque ni la infantería yanqui. Que sepas: que mi hija (o sea, tu madre) y yo preferimos de entre los males, el menor: es decir, antes, a tu novia (sí, la Puri) que a ti. Que sepas: que si la Puri te pone los cuernos, por algo será; o sea, que la culpa es tuya, y con seguridad, por inacción (que eres un “dejao”, hasta para eso). Que sepas: que mi hija y yo somos plenamente conscientes de que tu novia te la pega con un teleco. Sí. Que sepas que lo entendemos perfectamente. Que eso lo haría hasta una burra lela. Que sabemos que la Puri no es ninguna burra lela y que tiene motivos de sobra para ponerte los cuernos, aunque sólo sea para que te vayas jeringando, por el desinterés con el que has llevado la relación... o lo que sea que has llevado con la pobre chica. Que la Puri es la única persona, de entre los especímenes incalificables que te rodean, que sabe lo que es un libro y un aula, lo cual es mucho decir, en tu ambiente... o lo que sea el ámbito sociocultural en el que pergeñas a diario el fin de la especie, ambición ésta frustrada, al menos de momento. Que no has cuidado en absoluto tu relación de pareja, y cómo ibas a hacerlo, si sólo vives para esa motillo meterruido y para el top manta, pedazo de mangui. Que entendemos que la Puri, allá en el fondo de su corazón, muy en el fondo de su corazón, en un lugar del corazón profundamente oscuro y recóndito, oculto a los ojos del resto de las personas, pequeñito..., pues no te quiere ya absolutamente nada, ha comenzado a desvincularse de un zombi con greñas, cuyo futuro se conjuga siempre en imperfecto de subjuntivo, o mejor, en condicional. (Vamos que tu serás alguien o algo comprensible para una mente humana normalmente socializada, “sólo si...”, “siempre y cuando se produzca que...”, “exclusivamente cuando se den las siguientes improbables circunstancias”.) Y que si la Puri ha comenzado a reaccionar, aborreciéndote, nosotros no queremos que la chica nos aborrezca. Y hablando de futuro condicionado, Bobo, he aquí el verdadero motivo de esta carta. Las condiciones, Bobo, las condiciones. Condición absoluta y total: me importan un bledo tus tubulares, pero ni tu madre ni yo estamos dispuestos a perder a la Puri (alguien de tu edad con quien charlar en términos normales). Así que, por lo que a nosotros hace referencia, recuperas a tu novia y punto. No nos va a preocupar en absoluto que ella siga viéndose con el teleco. Es más, el teleco nos cae muy bien. Tampoco nos preocupan tus sentimientos; nosotros no los tenemos hacia ti. Y, por eso, no nos preocupan tus preocupaciones, porque tú no tienes preocupaciones que sean capaces de generar en tu madre y en tu abuelo sentimientos de ningún tipo, salvo el de repulsa. No nos interesa tampoco intercambiar ni una sola palabra de todo esto con un semoviente como tú, que, el mes pasado, se pasó varias horas al día mendigando, para hacerse, con la pasta, la lengua bífida. Si tú no tienes escrúpulos, nosotros menos. El teleco se queda, nos lo quedamos; pero tú, ahí quieto, como si no supieras nada de nada, vive como un cornudo feliz la vida que tú mismo te has buscado.


Edgar Allan

 

Esta señora nos ha puesto una querella, porque asegura que se trata de la abuela de Bobo y nunca la hemos mencionado. Es evidente que la fósil está majara. Pero, ya que saca el tema, ¿por qué el abuelo Edgar Allan no habla nunca de su señora?, ¿qué ha pasado con la abuela de Bobo, a quien nadie menta?
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