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#24
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CARTAS A BOBO
Carta número ciento noventa y cinco mil quinientos tres
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Sin haber terminado de digerir, todavía, la desagradable situación sobrevenida, en Clochemerle, allá por la vecina Galia, como consecuencia de la instalación de un muy notorio y visible urinario público (dispositivo nunca visto en la pequeña localidad vitivinícola), los habitantes del lugar tuvieron que desayunarse, recientemente, con la aparición de esta fiera maléfica y espantosa. Originario de Besançon (otro pueblo a medio camino de Francia), los científicos especulan con que se trata de un orco de esos. Quizá, el último espécimen que quede vivo de esta ralea pestilente que proliferó por miríadas, en los tiempos de Maricastaña, o puede que antes, inclusive. Al parecer, fueron unos críos los que sorprendieron al bicho, cagando en el mismísimo medio de un camino la mar de mono que tienen por allí. Los enanos se pegaron el susto de su vida, al contemplar el culo del energúmeno soltando aquel lastre indescriptible, una cosa inenarrable, vamos. Pero como ni se imaginaban su naturaleza monstruosa, la verdadera sorpresa se la llevaron, cuando el bicho, alertado por el cachondeo y las habituales pedradas de recibimiento de Clochemerle, dejó los vientos atronadores para mejor momento, se levantó y se dio la vuelta. ¡Ay, dios mío, qué fue aquello! Los niños que corrían y corrían y el otro detrás, cebadísimo, que si los agarra, se los come cruditos. Pues nada, que no pararon, hasta la mismísima fuente del pueblo, ubicada nada menos que frente por frente del controvertido urinario. Y, además, en el mismísimo instante en que la alcaldesa salía de hacer aguas, víctima del “Seguril” (la última moda en Francia) que le ha dado por tomar, porque dice que así trabaja menos. ¡Mira, se pegó un susto la pobre, que tuvo que salir el de la fonda y el otro bobo del pregonero! Suerte que pasaba por allí el cabo del CRS con el uniforme nuevo; que, si no, se cargan entre todos al orco. Y nada, que así se quedó la cosa. Que dijo el cabo que, por cagar en el camino, siendo la primera vez, que estaba obligado a hacer la vista gorda. Y que, por lo demás, que habían puesto una denuncia a los niños por lo de las pedradas y que a ver qué iba a pasar. Y así estamos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Bobo:


¿Por qué los adoradores de Satán sois unos beatorros de baba, alineados con las posturas más peligrosamente cristianas y candorosamente eclesiales? ¿Eh? Y no le des más vueltas, porque eso, exactamente eso, es lo que eres, Bobo. Yo, que nací cuando terminó la guerra civil, no he visto en mi vida juventud más desperdiciada, desperdigada y descentrada que la de los gilipollas que rondáis la mayoría de edad. (¡Dios mío, mi nieto es mayor de edad, no siento las piernas!).
Y es que detrás de toda esa palabrería huera de contenido, de ese cúmulo de fantasmagoría de escasa utilidad práctica, con dedos que se pretenden cuernos, alimentada de cómics a los que se llega sin pasar por El Barco de Vapor, detrás de toda esa parafernalia encuerada hasta en agosto, se agazapa un producto de parroquia y sacristía. ¡Pero de parroquia, parroquia, parroquia y párroco, párroco, con barbita y camisa de cuadros y sandalias franciscanas y zurrón proletario, tío!
Nada que ver con Satán, ni Lucifer. Nada en absoluto.
Lo que es a mí, como que se me cae el alma en piritoedros, cada vez que contemplo a la cuadrilla de mangantes a los que llamas colegas, a esos que has contaminado con tu verborragia ignorante recocida en telefilmes baratos de serie b. Pero vamos a ver: ¿Satánicos contra la guerra, luciferinos enfrentados al principio de autoridad, diabólicos a favor de la libertad de costumbres...? ¿Pero es que no te das cuenta, pedazo de San Bernardo con tatuajes tétricos, apoyo de caminantes, cayado de necesitados, dechado de virtudes y buenos deseos, que dar de comer al hambriento, proteger a los niños de todo mal (¡de todo mal!, ¿no lo pillas?) es lo que te enseñó don Federe, en la catequesis, para que hicieras la comunión como dios manda?
Y esos remilgos de los que haces gala, que nada tienen que ver con un genuino iconoclasta promotor de todo mal. ¡De todo mal! ¿Dónde se ha visto satanista que le haga ascos a la infidelidad? ¿Por qué? ¿Porque el que lleva los cuernos eres tú? Pero bueno: ¿la promoción de las malas costumbres no debería comenzar por uno mismo?
¡Pero si, además, sales ganando, Bobo! ¿Es que acaso Kent Ricochés Rabbit, ese teleco tan simpático con el que tu novia la Puri mantiene una ubérrima relación, desde hace algún tiempo, no te ha dado trabajo en su próspera compañía? Trabajas de recadista, de acuerdo. No tiene glamour, pero tampoco responsabilidades. ¿Dónde está el problema? Nadie te felicita por nada de lo que haces. Vale, tampoco te caen tantas broncas. ¿Entonces, denostado nieto...? ¿Te puede molestar tanto que Kent haya nombrado a la Puri directora comercial y, en consecuencia, tu jefa directísima? ¿No es acaso la más alta exaltación del mal darle la vuelta a la denominada normalidad moral? ¿Callar y cobrar es malo? ¡Pues calla y cobra!


Edgar Allan

 

 

 

¿Y ésta, de dónde sale ahora? ¿Qué pasa, que se quiere poner de moda?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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