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#24 |
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| CRÍTICA DE CONCIERTOS | ||||||||||||||||||||
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GRUPO: Terry
Callier Chicago
es, como New Orleans, Memphis, Detroit, Los Angeles o Seattle, una
ciudad norteamericana íntimamente relacionada con la música.
Si bien, es llamativo el eclecticismo que desprende Chicago al analizar
todas las músicas que han sonado en las calles y clubes de
esta megápolis a orilla de los Grandes Lagos: Ya en los años
treinta, durante la Ley Seca, Chicago vio florecer una escena de
clubes de jazz patrocinados por la mafia local, cada vez más
poderosa gracias al tráfico de alcohol y las extorsiones.
Apenas una década después Chicago vio cómo
en sus clubes el blues se electrificaba y se desprendía de
la desnudez campestre de sus orígenes en el Mississippi,
cambiando para siempre su rumbo, gracias a la labor de sellos locales
como el archiconocido Chess. Chicago ha continuado ofreciéndonos
artistas tan inmensos como Curtis Mayfield un revolucionario del
soul y a la postre uno de los compositores más brillantes
del siglo XX, en las antípodas musicales, Chicago también
contribuyó definitivamente al nacimiento y popularización
de la música techno, que a finales de los ochenta llegaba
desde la vecina Detroit, y Chicago es, cómo no, el hogar
de Terry Callier uno de los músicos más deliciosamente
inclasificables que he tenido la suerte de escuchar, un artista
que el pasado 8 de Octubre en el Kafe Antzokia bilbaíno nos
dejó a todos boquiabiertos con una soberbia lección
de clase y bien hacer. Iker Atxaga
GRUPO: Terry
Callier
Terry Callier vino a presentarnos el pasado miércoles 7 de octubre en el Arena de Madrid su último disco “Lookin Out”, grabado para Universal con dos formaciones diferentes en Chicago y Londres. Para la ocasión se trajo a los músicos que participaron en las sesiones de Londres. Y allí nos dimos cita los suficientes, y entusiasmados por entregarnos a su delicioso repertorio de jazz, soul y blues ( y folk y gospel...). El norteamericano nos obsequió con su intensidad espiritual durante casi dos horas, con temas tan sobrecogedores como el conocido “What colour´s is love” o su versión del “And I love her” –estupendo Gary Plumely a la flauta-. Momentos casi de trance junto al percusionista donde se le salieron las lágrimas y donde nosotros nos agarrábamos fuerte de la mano, para pasar siempre elegante a temas como “Jazz my rhythm and blues” o el estupendo “What about me”, en los que comenzamos moviendo un pie, y luego el otro, y terminamos bailoteando. Otro de los momentos álgidos llegó en el primer bis, con el hit que Gilles Peterson recuperó convirtiéndolo en llena-pistas, el “I don´t want to see myself (without you)”. Aquí Callier nos dejó a todos con una sonrisa de oreja a oreja y consiguió una inmensa ovación. Claro, así nadie quería irse. Así que el de Chicago volvió una segunda vez para depositarnos con toda su suavidad en el suelo de Madrid. Y despedirse lleno de amor. Así salimos. Miriam Checa CONCIERTOS ASTE NAGUSIA 2004 Llegó
el otoño y con él es hora de hacer repaso de lo que ha acontecido
durante el verano, en lo que a eventos musicales se refiere. En este
número repasamos las ediciones del 2004 del Heineken Jazzaldia y el
Xacobeo y también es el momento de revisar lo que dieron de si los
conciertos de la ya lejana Aste Nagusia bilbaína. El
cartel, una vez más, mostró una sobrada incoherencia, pero son unas
fiestas populares, es decir “del
pueblo”, un pueblo al que también pertenecen esas amebas aficionadas
a Andy & Lucas, así que, como en años anteriores, el cartel de la
Aste Nagusia fue un compendio de lo mejor y lo peor, ¿Plural? Sí,
pero también sonrojador. Obviaré
a miniartistas que perpetran su pseudomúsica
y me centraré en lo que más llamó mi atención: Sidonie tocaron en Botica Vieja ante un público
poco atento, que apuraba sus infectos katxis de kalimotxo, antes de
ir a las txoznas. Los catalanes, con un nuevo trabajo bajo el brazo,
repitieron el esquema de sus últimas visitas a tierras vizcaínas,
y aunque a mí sus patochadas-performances de circo psicodélico
futurista me crispan bastante, cuentan con buenos temas que hacen
de sus conciertos, cuando menos, una experiencia única. Después de
Sidonie saltaron al escenario Deluxe y aquí ya no hubo espectáculo,
simplemente cinco tipos tocando buena música. Xoel, líder de la banda, demostró su valía como compositor e interprete,
aunando influencias clásicas que van desde The Who hasta Springsteen y que sirven para que Xoel construya historias cotidianas, con una personalidad pasmosa,
lo que le convierte en uno de los más prometedores compositores patrios.
Quedan como muestras de su talento temas de la calidad de “London
Town” o”Que no”. Unos
días más tarde, en el mismo escenario y ante un escaso público, el
trío franco-americano Big Soul
nos mostraron un puñado de temas en los que dieron rienda
suelta a su particular y entretenidísima visión de la música, mezclando
un rock guitarrero, directo y enérgico con
funk bailable y bacilón.
Mis felicitaciones al técnico porque aquello sonó impresionante y,
sobre todo, mis felicitaciones a un grupo que son el antónimo de aburrimiento.
Se me ocurren muchos calificativos, verbigracia, Big
Soul o diversión en estado puro. Y
llegó la polémica… Se anunció que el último sábado de las fiestas
iban a actuar Earth Wind & Fire, la mítica banda
que a comienzos de los setenta revolucionaron la escena de la Black Music con insuperables elepés de
soul-funk psicodélico. Finalmente, Earth Wind & Fire no vinieron y, en
su lugar, nos colaron a unos farsantes: Earth
Wind & Fire Experience, unos advenedizos en los que tan solo
militan un guitarrista y un trompetista de la formación original.
Este hecho y la certeza de que pasarían por alto sus cuatro primeros
elepés, para mi gusto los mejores, restaba, a priori, mucho interés
al evento, pero la sorpresa estaba servida: Earth Wind & Fire Experience no son
un bluff. Dieciséis músicos
con un curriculo de infarto (Earth
Wind & Fire, Michael Jackson, Quince Jones, Tower of Power, Tito
Puente, Celia Cruz, Doobie Brothers, etc…), cantando, tocando
y bailando como los ángeles, mientras nos asombraban con un repertorio
cargado de toneladas de soul, el suficiente funk para no aburrir a los más bailongos, pinceladas de reggae, versiones de los Beatles y muy buen rollo, en una noche
que ofreció muchísimo más de lo que prometía. En
la Plaza Unamuno descargaron su potencial algunas de las bandas locales
más punteras. Entre todas yo destacaría a Hush,
combo portugalujo practicante de un rock&roll
clásico, con buenas dosis de
blues y cierta cadencia sudista. Sus músicos se han curtido en
bandas como Fito y los Fitipaldis, Flying Rebollos, Extremoduro, etc…y se
nota, porque tocan bien y tienen tablas (Iñaki, cantante y guitarrista
acabó el concierto con una tendinitis y allí nadie nos dimos cuenta).
Los temas propios no desmerecían junto a revisiones ajenas, como una
increíble “Voodoo Chile (Slight Return)” de su idolatrado Hendrix.
Habrá que seguir la pista a esta banda que, según cuentan ciertas
lenguas, aunque no hay nada oficial, probablemente taloneen en su
gira europea a una importante banda americana. Son solo rumores pero
sería una merecidísima oportunidad de demostrar su potencial en tierras
foráneas.
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