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#24
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CRÍTICA DE CONCIERTOS
 



Kafe Antzokia, Bilbao

 

Kafe Antzokia, Bilbao

 

 

Kafe Antzokia, Bilbao

 

 

 

Kafe Antzokia, Bilbao

 

 

Kafe Antzokia, Bilbao

 

Sala Arena, Madrid

 

 

 

 

 

 

Deluxe.

 

 

Big Soul.

 

 

 

Earth, Wind & Fire Experience



TERRY CALLIER

GRUPO: Terry Callier
ESTILO:
Uno, el suyo propio
LUGAR:
Kafe Antzokia, Bilbao
FECHA:
08/10/2004

Chicago es, como New Orleans, Memphis, Detroit, Los Angeles o Seattle, una ciudad norteamericana íntimamente relacionada con la música. Si bien, es llamativo el eclecticismo que desprende Chicago al analizar todas las músicas que han sonado en las calles y clubes de esta megápolis a orilla de los Grandes Lagos: Ya en los años treinta, durante la Ley Seca, Chicago vio florecer una escena de clubes de jazz patrocinados por la mafia local, cada vez más poderosa gracias al tráfico de alcohol y las extorsiones. Apenas una década después Chicago vio cómo en sus clubes el blues se electrificaba y se desprendía de la desnudez campestre de sus orígenes en el Mississippi, cambiando para siempre su rumbo, gracias a la labor de sellos locales como el archiconocido Chess. Chicago ha continuado ofreciéndonos artistas tan inmensos como Curtis Mayfield un revolucionario del soul y a la postre uno de los compositores más brillantes del siglo XX, en las antípodas musicales, Chicago también contribuyó definitivamente al nacimiento y popularización de la música techno, que a finales de los ochenta llegaba desde la vecina Detroit, y Chicago es, cómo no, el hogar de Terry Callier uno de los músicos más deliciosamente inclasificables que he tenido la suerte de escuchar, un artista que el pasado 8 de Octubre en el Kafe Antzokia bilbaíno nos dejó a todos boquiabiertos con una soberbia lección de clase y bien hacer.
El creador de joyas como “Ordinary Joe”, “Dancing Girl” o “You Goin´ Miss Your Candyman” es un artista difícilmente encasillable, ya que se mueve con igual soltura por el folk, el jazz, el soul, el funk, o el rock acústico y/o progresivo. Su actitud, libertad, misticismo, ambivalencia y profunda sensibilidad compositiva le relacionan con artistas como el ya mencionado Curtis Mayfield, Stevie Wonder, Aaron Neville, Jon Lucien o Les McCann.
Callier nació en el North Side de Chicago el 24 de Mayo de 1945. Empezó a estudiar piano a la tierna edad de tres años y con once, ya componía temas. En 1962 publica su primer single “Look At Me Now” para el sello Chess. En 1965 graba su álbum debut The New Folk Sound of Terry Callier, que no se publicaría hasta 1968. La década de los setenta es de suma importancia en la carrera de Callier ya que formaría parte junto a Larry Wade y Jerry Butler de la “Chicago songwriters workshop” además, de publicar sus mejores trabajos, títulos como Ocassional Rain (1972), Just Can´t Help Myself (1975) y, sobre todo, el que, probablemente, sea su cima creativa: What Colour is Love? (1973). Durante los setenta continúo grabando elepés y ganándose una gran reputación en directo, aunque no consiguió demasiada repercusión comercial, lo que acabó suponiéndole problemas contractuales con su casa de discos, hecho que tuvo inmediatas consecuencias: Durante los ochenta Terry Callier se retiró del negocio musical para criar a su hija y trabajar de informático, mientras sacaba el título de sociólogo. Pero Callier no dejó de componer y de publicar temas autoproducidos, y fue, precisamente, uno de estos temas grabado en 1982, “I don´t want to see myself (Without You)”, el que cambiaría para siempre el futuro de Callier. En 1991 el sempiterno mod Eddie Pillar, dueño y señor del sello británico Acid Jazz, pidió permiso a Callier para reeditar el tema y fue un rotundo éxito. La canción es un potente tema de garage-soul que dio lugar a mil y una remezclas, triunfando en las pistas de baile y provocando el renacer de un Callier, que, al amparo de tan buena acogida, retomó su carrera musical.
Callier vino acompañado por su banda británica, que es la que utiliza para girar por Europa. Este hecho hace posible que podamos disfrutar de Callier en directo a este lado del Atlántico, ya que abarata los gastos y da viabilidad a la contratación de un artista, que haciendo honor a la verdad y visto lo visto, digamos que no mueve a las masas ( el Antzoki registro una escasa media entrada y eso que me consta que se desplazó gente desde otras capitales vascas e incluso de otras comunidades autónomas.) Porque Callier es uno de esos artista de culto idolatrado por el aficionado, pero desconocido para el gran público. Callier contó con una banda de cinco mercenarios, perfectamente compenetrados. Una engrasada base rítmica que funcionaba como un todo, unos cálidos teclados, un guitarrista solvente de agradables y sutiles arreglos jazzies, además de un Callier de garganta pletórica y aportando texturas folkies con su guitarra acústica, quizás el único pero haya que ponerlo en los vientos, el tipo encargado de ellos era un virtuoso y con las flautas se mostró correcto, pero el saxo alto sonó, a veces, histriónico, mientras al tenor le sobraba reverb, lo que le daba cierta ampulosidad A.O.R., pero fue un detalle sin importancia en medio de un orgasmo sonoro que, como el otoño que nos invade, fue emotivo, catártico, melancólico, romántico, agridulce y apasionado, en definitiva, un poliédrico compendio de emociones al que el público nos rendimos encantados , y sin el más mínimo complejo. En dos horas de recital Callier le tomo el pulso al soul vía Bobby Womack, coqueteó con los ritmos brasileños, salió airoso de los pasajes jazzísticos, cautivó con sus medios tiempos folkies, se atrevió con el pop y se acercó al rock sureño (“You Goin´ Miss Your Candyman” , desprovista de los arreglos orquestales, parecía la Marshall Tucker Band o los Allman Brothers). Fue un concierto muy íntimo, el público, aunque escaso, era selecto y brindó sinceros aplausos al maestro Callier, que no pudo evitar emocionarse en varios momentos del bolo. Al final cayeron clásicos como “What Color is Love?” o su himno“I don´t want to see myself (Without You)”, que sirvió como colofón y durante cuya ejecución una espontánea se subió al escenario a cantar y bailar. Sufrí un violento ataque de vergüenza ajena, hasta que comprobé que la chica no lo hacía mal (a Callier se le veía encantado de la vida) y cuando se bajó del escenario, la risueña fan fue aplaudida por el respetable, en lo que supuso la anécdota a una velada con el peso espiritual de un moderno rito iniciático. A mi se me puso la piel de gallina varias veces. No cabe la menor duda: Terry Callier estuvo a la altura del mito, y tengo la certeza tanto de que jamás olvidaré este concierto, como de que Callier se volverá a la “Ciudad del Viento” con un grato recuerdo de Bilbao.

 

Iker Atxaga

 

 

 

GRUPO: Terry Callier
ESTILO:
Uno, el suyo propio
LUGAR:
Sala Arena, Madrid
FECHA:
07/10/2004


T DE TERCIOPELO

Terry Callier vino a presentarnos el pasado miércoles 7 de octubre en el Arena de Madrid su último disco “Lookin Out”, grabado para Universal con dos formaciones diferentes en Chicago y Londres. Para la ocasión se trajo a los músicos que participaron en las sesiones de Londres. Y allí nos dimos cita los suficientes, y entusiasmados por entregarnos a su delicioso repertorio de jazz, soul y blues ( y folk y gospel...). El norteamericano nos obsequió con su intensidad espiritual durante casi dos horas, con temas tan sobrecogedores como el conocido “What colour´s is love” o su versión del “And I love her” –estupendo Gary Plumely a la flauta-. Momentos casi de trance junto al percusionista donde se le salieron las lágrimas y donde nosotros nos agarrábamos fuerte de la mano, para pasar siempre elegante a temas como “Jazz my rhythm and blues” o el estupendo “What about me”, en los que comenzamos moviendo un pie, y luego el otro, y terminamos bailoteando. Otro de los momentos álgidos llegó en el primer bis, con el hit que Gilles Peterson recuperó convirtiéndolo en llena-pistas, el “I don´t want to see myself (without you)”. Aquí Callier nos dejó a todos con una sonrisa de oreja a oreja y consiguió una inmensa ovación. Claro, así nadie quería irse. Así que el de Chicago volvió una segunda vez para depositarnos con toda su suavidad en el suelo de Madrid. Y despedirse lleno de amor. Así salimos.

Miriam Checa


CONCIERTOS ASTE NAGUSIA 2004

Llegó el otoño y con él es hora de hacer repaso de lo que ha acontecido durante el verano, en lo que a eventos musicales se refiere. En este número repasamos las ediciones del 2004 del Heineken Jazzaldia y el Xacobeo y también es el momento de revisar lo que dieron de si los conciertos de la ya lejana Aste Nagusia bilbaína.

El cartel, una vez más, mostró una sobrada incoherencia, pero son unas fiestas populares, es decir “del pueblo”, un pueblo al que también pertenecen esas amebas aficionadas a Andy & Lucas, así que, como en años anteriores, el cartel de la Aste Nagusia fue un compendio de lo mejor y lo peor, ¿Plural? Sí, pero también sonrojador.

Obviaré a miniartistas que perpetran su pseudomúsica y me centraré en lo que más llamó mi atención:

Sidonie tocaron en Botica Vieja ante un público poco atento, que apuraba sus infectos katxis de kalimotxo, antes de ir a las txoznas. Los catalanes, con un nuevo trabajo bajo el brazo, repitieron el esquema de sus últimas visitas a tierras vizcaínas, y aunque a mí sus patochadas-performances de circo psicodélico futurista me crispan bastante, cuentan con buenos temas que hacen de sus conciertos, cuando menos, una experiencia única. Después de Sidonie saltaron al escenario Deluxe y aquí ya no hubo espectáculo, simplemente cinco tipos tocando buena música. Xoel, líder de la banda, demostró su valía como compositor e interprete, aunando influencias clásicas que van desde The Who hasta Springsteen  y que sirven para que Xoel construya historias cotidianas, con una personalidad pasmosa, lo que le convierte en uno de los más prometedores compositores patrios. Quedan como muestras de su talento temas de la calidad de “London Town” o”Que no”.

Unos días más tarde, en el mismo escenario y ante un escaso público, el trío franco-americano Big Soul nos mostraron  un puñado de temas en los que dieron rienda suelta a su particular y entretenidísima visión de la música, mezclando un rock guitarrero, directo y enérgico con funk bailable y bacilón. Mis felicitaciones al técnico porque aquello sonó impresionante y, sobre todo, mis felicitaciones a un grupo que son el antónimo de aburrimiento. Se me ocurren muchos calificativos, verbigracia, Big Soul o diversión en estado puro.

Y llegó la polémica… Se anunció que el último sábado de las fiestas iban a actuar Earth Wind & Fire, la mítica banda que a comienzos de los setenta revolucionaron la escena de la Black Music con insuperables elepés de soul-funk psicodélico. Finalmente, Earth Wind & Fire no vinieron y, en su lugar, nos colaron a unos farsantes: Earth Wind & Fire Experience, unos advenedizos en los que tan solo militan un guitarrista y un trompetista de la formación original. Este hecho y la certeza de que pasarían por alto sus cuatro primeros elepés, para mi gusto los mejores, restaba, a priori, mucho interés al evento, pero la sorpresa estaba servida: Earth Wind & Fire Experience no son un bluff. Dieciséis músicos con un curriculo de infarto (Earth Wind & Fire, Michael Jackson, Quince Jones, Tower of Power, Tito Puente, Celia Cruz, Doobie Brothers, etc…), cantando, tocando y bailando como los ángeles, mientras nos asombraban con un repertorio cargado de toneladas de soul, el suficiente funk para no aburrir a los más bailongos, pinceladas de reggae, versiones de los Beatles y muy buen rollo, en una noche que ofreció muchísimo más de lo que prometía.

En la Plaza Unamuno descargaron su potencial algunas de las bandas locales más punteras. Entre todas yo destacaría a Hush, combo portugalujo practicante de un rock&roll clásico, con buenas dosis de blues y cierta cadencia sudista. Sus músicos se han curtido en bandas como Fito y los Fitipaldis, Flying Rebollos, Extremoduro, etc…y se nota, porque tocan bien y tienen tablas (Iñaki, cantante y guitarrista acabó el concierto con una tendinitis y allí nadie nos dimos cuenta). Los temas propios no desmerecían junto a revisiones ajenas, como una increíble “Voodoo Chile (Slight Return)” de su idolatrado Hendrix. Habrá que seguir la pista a esta banda que, según cuentan ciertas lenguas, aunque no hay nada oficial, probablemente taloneen en su gira europea a una importante banda americana. Son solo rumores pero sería una merecidísima oportunidad de demostrar su potencial en tierras foráneas.

Iker Atxaga


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