|
REVUELTA
JUVENIL EN MONGOLIA
Es
difícil ceñirse únicamente a la programación musical de este Festimad
2005 tras lo vivido en la noche del sábado. Pero como de lo que
se trataba era de disfrutar de dos jornadas plenas de Rock´n´Roll,
es de ley destacar que hubo mucho y bueno entre los dos escenarios
paralelos y la carpa. Como todo Festival que se precie, comenzó
frío para ir calentándose poco a poco. El problema del mal sonido,
bajo y caprichoso, fue contínuo durante los dos días pero se asimiló
como inevitable. Muletrain
comenzaron a dar cuerpo al Festimad a las primeras horas del viernes.
Poco que contar de los muy nombrados Skizoo.
Otro super-mega-neo-grupo de rollito madrileño que tan fielmente
siguen los jóvenes alternativos del Siglo XXI. Por lo menos, por
cierto público generoso para con lo suyo e indiferente para todo
lo demás. La primera actuación internacional llegó con Wednesday 13. Clones
de Manson pero con un toque más rockero y bastante entretenidos.
A vigilar por los más acérrimos seguidores del Shock-Rock. The
Dillinger Escape Plan lideraron las actuaciones más ruidosas
del día, aunque fueron barridos (si es que se pueden comparar
entre ambos) por The Hives. Los cinco suecos de apariencia de Pastor Americano del
Siglo pasado demostraron que pueden liderar sin problemas a la
armada escandinava que está sacudiendo Europa a golpes de riff
y actitud. Mucho más teatrales los
noruegos Turbonegro.
Entre la pose gay y los problemas mentales (ya superados) de Hank
Von Velvette, presentaron su nuevo trabajo, “Party Animals”, donde
destacó “The City of Satan” antes de revisitar las mejores canciones
de sus primeros discos. Impagable la fiesta de disfraces que se
vió en el escenario, con gladiadores, americanos nativos y marineritos
de ambigua reputación moral.
Con
la llegada de la noche, muchos escogieron la propuesta gótico-sinfónica
de Nightwish. Para quién le guste un poco
de thrash de los 80´s con los gorgoritos de Tarja Turunen. Para
los más necesitados de brutalidad sónica, esperaba la carpa con
los demenciados Mastodon. La
verdad es que asustó bastante que cuatro tipos de Atlanta llegaran
a producir un nivel de agresión tan grande tan extremo con tan
poco esfuerzo. Tremendos y apocalípticos. Como debe ser. Y llegó
el momento de comparar. Slayer o Manson, Manson o Slayer. Con
dos escenarios iguales (y por lo visto, con cierta similitud a
la hora de elegir los estandartes que les acompañaron detrás)
ambos grupos ofrecieron el punto más metalero del Festimad. Slayer
fieles a su estilo intentaron no dejar prisioneros para el Reverendo
Manson. Pero el sonido volvió a cojear aunque la actuación no
fue para nada mala. Tan pesada como la cadena que llevaba Kerry
King a la cintura. El mejor momento, con “Mandatory Suicide” y
acabando, con la clásica “Angel of Death”. Seguimos creyendo que
cuando Tom Araya se sonríe, algo malo está preparándose. Tras
los californianos llegó Marilyn
Manson. Curiosamente, mejoró el sonido casi de golpe aunque
la actuación adoleció de un poco de entrega de Manson. Quizá pueda
entenderse como falta de compenetración con un combo en el que
sólo sobrevive el teclista Madonna Wayne Gacy. Tres
versiones, un poco de cada uno de sus discos (a partir del Antichrist
Superstar) y una escasa hora y cuarto de actuación. Para no variar,
muy trabajado el show aunque se le nota más cómodo en recintos
más pequeños donde puede explotar todo su circo del miedo. No
faltaron los zancos, el púlpito ni unas “drugs” que brillaron
con luz propia detrás del grupo. Así, todos contentos, a disfrutar
(o sufrir, depende cómo se mire) con los DJ´s del Festidanz o
a la tienda de campaña. Se cierra el telón del viernes.
Y
llegó el sábado y seguro que por la mañana nadie esperaba cómo
iba a acabar la historia. Hamlet
movió a mucho público en su presentación de “Syberia” (salvo las
canciones ya conocidas de otros trabajos, curiosamente sonó muy
parecido a Skyzoo) y muchos menos se juntaron para ver la descarga
de The Eighties Matchbox
B-Line Disaster. Propuesta aglutinadora, una especie de batidora
de rock de garage con influencias míticas (Stooges, Cramps) pero
algo de “más de lo mismo” aunque no por eso fue un concierto nada
despreciable. Five
Horse Jonhson ,a continuación, fue de lo mejor que se ha visto
en el Festimad. Poderosos, sobrados y no apto para todos los públicos.
Sobraban un-metaleros y alternativos (a nada) porque este fue
un concierto para rockeros de-los-de-verdad... A destacar? Todo.
Desde la actitud encima del escenario hasta la misma cuando se
mezclaron con sus fans. Y por supuesto, la música. Mondo
Generator, con Nick Oliveri a la cabeza (o mejor, al bajo)
dieron fuerte como avanzadilla de la sesión de Rock del desierto
que nos venía encima (luego llegó la arena. Y mucha). Clutch,
Hermano (con John Garcia de tour por todos los escenarios) y Fu Manchú. Bueno, estos lo que pudieron.
Sólo cinco canciones por la “amenaza del foco asesino”, el germen
de lo que vendría horas después. Lo peor de todo el Festimad fue
la incapacidad de la organización de sobreponerse a un contratiempo
puntual y dejar que la masa de cerca de treinta mil personas fuera
calentándose hasta que muchos de ellos se convirtieran en el ejército
de los brutos mecánicos del Doctor Infierno, prestos y dispuestos
para arrasarlo todo a su paso. Claro
que la espera de tres horas y media sin recibir explicaciones
serias tuvo mucho que ver para que se desencadenara el caos y
la destrucción (por lo menos para los simpáticos camareros -¡Por
Dios! ¿De dónde los sacaron?- y para los utilitarios que enriquecían
el panorama visual de la zona) sobre la tierra. Lo
que habrían pagado Slayer para estar presentes... bueno, pues
entre las furgonetas que llegaban al Backstage al grito de “Hay
que salvar a los músicos”, las piedras que cayeron sobra las gradas
de prensa (que merecía uno de los camareros de la barra... o mejor,
todos) y la policía que entró en el recinto de acampada sin hacer
un ruido, el Festimad hacía real la canción de Ilegales “Revuelta
juvenil en Mongolia”. Con mucho retraso tocaron Incubus,
que sonó mal pero había que calmar a la turba enloquecida, System
of a Down, también actuación reducida pero con las canciones
más coreadas de todo el Festival (“Science” y todo lo que sonó
de su primer trabajo) y para el final, The
Prodigy, aunque el cuerpo ya estaba demasiado castigado para
disfrutar del fin de fiesta. Para el año que viene sólo podemos
pedir que la organización tenga un buen “Plan B” en caso de problemas,
que actúen rápido y que el cartel siga al mismo nivel como mínimo.
Porque sino, como decía Russell Crow en “Gladiator”: “A mi señal,
Ira y Fuego...”.
Michel Goiri
Fotos:
Dena Flows
GRUPO: Gov´t
Mule
ESTILO: Rock
LUGAR:
Sala Azkena, Vitoria-Gasteiz
FECHA: 01/04/2005
Mira
cómo uno se lleva sorpresas. Cuando ya lo tenía todo perdido,
cuando parecía imposible, una vez resignado a que la única posibilidad
de ver a Warren Haynes sobre
un escenario pasaba por cruzar el Charco, van los chicos del Azkena Rock Festival y me lo traen
casi hasta la puerta de casa. El año comenzó con intensos rumores
sobre quién encabezaría el cartel del 2005, The Who, Allman Brothers
Band, Black
Crowes… ¡Demasiado hermoso para ser real!, el caso es
que en lugar de lamentarnos por lo que pudo haber sido y no fue,
disfrutemos de un cartel muy completo. Y qué mejor para
abrir boca, que una actuación del grupo más en forma del panorama
rockero americano: Gov´t Mule. La Mula presentaba su nuevo trabajo, Dèja Voodoo, y la gente del Azkena aprovechó la ocasión para traérselos y montar una gira
presentación del festival, con tres fechas: Madrid, Barcelona
y Vitoria. La expectación por ver a Warren y los suyos
era muy grande, lo cual se tradujo en un llenazo absoluto, no
cabía ni un alfiler en el Azkena aquella
noche, si a este hecho le añadimos las tres horas de duración
del evento, nos encontramos con un ejercicio de desgaste físico
e incomodidad máxima, sólamente comprensible y soportable,
en lo que a mí se refiere, por la presencia de mi guitarrista
vivo favorito. Destacar un tema sobre otro sería una labor inútil
y costosa, mejor calificar el concierto como lo que fue en su
conjunto, una celebración de la música en estado puro, un peligroso
viaje por una carretera desconocida y cambiante, donde cualquier
tema servía como excusa para enfrascarse en una jam con guiños a Hendrix, Allman Brothers,
Santana , Cream o Stevie
Wonder, un espectáculo mágico con una banda increíble
que convence igual rescatando a Howlin´ Wolf o Elmore James, que reinventando el “She Said, She Said” de The Beatles( ¡Qué pena que no la
tocaran!).
Mark Abbts fundador
de la banda junto a Haynes, se mostró
apabullante con la batería, costaba creer que todo eso lo hiciese
con dos piernas y dos brazos. Andy Hess contundente
con el bajo se descubrió como un digno recambio para el genial y malogrado
Allen Woody. El teclista
Danny Louis se quedó en un discreto segundo
plano, quizás tenía en la memoria el hecho de que La Mula nació
con vocación de power trio, así que
puede que ese sea su sitio en Gov´t Mule, un discreto,
pero efectivo, segundo plano. En cuanto a Haynes, qué se puede decir…, las
palabras son herramientas inútiles a la hora de intentar reflejar
la grandeza de este hombre, su profunda garganta deudora de tantos
y tantos bluesmen de color
y su pericia a la guitarra, donde ya mira cara a cara a Allen Collins, Duane Allman, Clapton , Dickey Betts o Hendrix , le
convierten en una rara avis , un personaje que definitivamente encajaría mejor
en 1973. Haynes
ha sabido evolucionar con su instrumento y ya no queda nada de
aquel joven que, como un desvergonzado émulo de Duane Allman, acompañaba
a Dickey Betts en sus
discos de finales de los ochenta. Hoy Warren Haynes se ha convertido en un guitarrista de asombrosa
técnica y monstruoso feeling,
un sobresaliente cantante y un compositor de la antigua escuela,
que no contento con sacar a Gregg Allman de su
letargo y coliderar el triunfal retorno
de Allman Brothers, nos
regala directos y discos sobresalientes con Gov´t Mule, una banda que tomando como punto de partida el blues, sabe evolucionar
sin complejos y con notable acierto hacia el hard-rock, el soul,
el funk,
el reggae
o cualquier estilo que se propongan.
Así es Warren Haynes, un
hombre que vive entregado a la música, que hace lo que le gusta
sin preocuparle las modas, que reparte carisma y sonrisas a partes
iguales, un hombre que se abandona a su pasión cada noche sobre
un escenario, en definitiva un artista deseoso de compartir su
don con la audiencia, un caballero salido de otra época en la
que lo único que importaba era tocar, tocar y tocar.
IKER ATXAGA
Fotos:
Dena Flows
|