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#25
 
 
       
   

crítica de discos


En esta sección no te vas a encontrar con comentarios sobre últimos lanzamientos musicales, sino reseñas sobre discos, que independientemente de su época o estilo, han sido importantes para nuestros redactores. Esta sección puede servios para descubrir discos que no conocíais, o para reencontraros con ese disco que llevabais años sin escuchar.

 


DISCO: SWEET BABY JAMES
AUTOR: JAMES TAYLOR
AÑO: 1970
COMPAÑÍA: WARNER

 

james taylorHe comentado varias veces con amigos cómo las preferencias del consumidor  voraz de música evolucionan al compás que marcan las estaciones del año. Lógicamente, cada persona es distinta, y por lo tanto esta evolución estacional se encuentra sometida  a criterios meramente subjetivos, pero es innegable que siempre se da, y en mi caso ésta se produce de la siguiente manera: Me paso los días grises y fríos del otoño-invierno en Europa, al abrigo del folk , la psicodelia, el hard-rock, el progresivo, etc… Y conforme la primavera va avanzando, y empiezan a abundar los días soleados, vuelo mentalmente a América  para reencontrarme con el blues, el jazz,  el soul, el country, el funk y en general la música americana de raíces. Este año la primavera la inauguraron David Crosby y Graham Nash con su maravilloso concierto el pasado marzo en el Kursaal donostiarra, desde entonces me encuentro imbuido de un “americanismo estival” del que no puedo escapar y que alcanzará su paroxismo algún tórrido día de agosto, conduciendo mientras John Lee Hooker entona” Come back baby, baby please don´t go, let talk about baby, before you go away”…

 

Llegado este punto, si hay algún fan de James Taylor leyendo estas líneas se estará preguntando que de qué demonios estoy hablando y qué tiene esto que ver con el creador de Sweet Baby James, pues bien, el caso es que quiero acabar con una injusticia por mi parte,  y es que, han sido muchos años de “americanismo estival” ignorando de forma absolutamente incomprensible e inmerecida a uno de los más grandes cantautores que nos ha dado América. Por supuesto que conocía a James Taylor, ¿a caso alguien no ha puesto alguna vez la radio cuando sonaba la versión que realizó en 1971 del original de su amiga Carole King “ You´ve got a friend”?;Y ,evidentemente, lo respetaba : No podía resultar que fuese malo alguien que repetidamente salía en los créditos de algunos discos de mis artistas favoritos, prestando su inconfundible voz y su cálida guitarra acústica en trabajos para gente de la talla de Carole King, Neil Young, Carly Simon, Joni Mitchell, David Crosby, Graham Nash,  Art Garfunkel, Linda Ronstadt, etc… Pero, lo que desde luego no podía suponer es el impacto que ha causado en mi persona escuchar Sweet Baby James, segundo trabajo del americano, un auténtico placer para los sentidos, una obra suprema, gracias a la cual puedo entender porqué James Taylor está considerado uno de los lideres naturales de esa generación de músicos que, a golpe de intimismo, crearon la banda sonora perfecta para el convulso periodo de comienzos de los setenta. Gente  como Randy Newman, Scott McKenzie, David Crosby, Joni Mitchell, etc…en EE.UU. o, a este lado del Atlántico, figuras como Cat Stevens, Donovan, Julian McAllister, Mick Softley  o Mac McLeod supieron ofrecer una fórmula magistral para captar a un público que había madurado desde los sesenta, un público que estaba perdiendo la inocencia y observaba el mundo con cierto escepticismo y preocupación.

A esos fans de James Taylor que más de una vez habrán tenido que aguantar que se califique a su ídolo como “babas”, yo les diría que no se preocupen, estos ataques, muy probablemente, provengan de un “encorbatado”, que se enfunda su camiseta de los Stooges el fin de semana y se siente muy duro porque se ha metido una ralla en el último concierto del grupo escandinavo de moda, ignorando que con veinte años James Taylor había pasado por varios centros de salud mental, ya no le quedaban drogas con las que experimentar y se había metido más caballo por la vena que un músico de jazz de los años cincuenta, afortunadamente para esta gente en su pecado está la penitencia, ya que dudo mucho que jamás disfruten de la magia de Sweet Baby James. Es como esos que califican de “babas” a San Stevie Wonder y el sábado por la noche, borrachos, intentan ser los amos de la pista de baile, haciendo quiebros imposibles de cintura, al ritmo de “Higher Ground”, convencidos de que están bailando el último éxito de Jamiroquai. Quizás sea que el noble calificativo “babas” hace referencia a un artista dotado de sensibilidad, intimismo y talento, o, a lo mejor, es que la ignorancia es muy osada…

 

Desde aquí proclamo orgulloso mi condición de consumidor de “babas”, “nenazas”, “moñas” etc… sobre todo si eso implica disfrutar de piezas sublimes como “Sweet Baby James”, “Lo and Behold”, “Sunny Skies”, “Country Road”, “Fire and Rain” o la inmensa “Suite for 20G” , ¿Realmente, alguien que compone e interpreta dos tremebundos blueses como “Steamroller” y “Oh baby, Don´t You Loose Your Lip On Me”, o que escribe letras tan duras como “Fire and Rain” merece ser tildado de babas o blando?

Con babas o sin ellas, James Taylor, un artista que desde su más tierna infancia mamó una pasión hacia la música inculcada por sus progenitores ,dio en el clavo y, después de un brillante y homónimo debut grabado a caballo (nunca mejor dicho, puesto que lo hizo mientras intentaba desengancharse de la heroína) entre Inglaterra y E.E.U.U., James volvió a California en 1969 para terminar de dar forma a su particular mixtura de rock acústico, folk, blues, gospel y country que quedó plasmada en su segundo y, para muchos, mejor trabajo: Sweet Baby James. Ideal para introducirse en el universo de este trovador americano, fue grabado con una banda de lujo en la que destacan dos nombres: Danny “Kootch”  Kortchamar, compañero de correrías musicales adolescentes junto a James y un genial y versátil guitarrista, capaz de tocar con absoluta credibilidad blues, country, jazz o rock hippioso y que sería llamado a convertirse en uno de los más destacados músicos de sesión de la Costa Oeste. Por otra parte Carole King, que, pese a su juventud, ya era una reconocida compositora, presta su piano a James, al que le unía una gran amistad “con derecho a roce”. James devolvería el favor a Carole convenciéndola para que grabase su segundo álbum en solitario, el inmenso Tapestry, en el que tocan la guitarra Danny Kootch y el propio Taylor.

 Ignoro si en estos tiempos de, permitidme parafrasear a Ratzinger, “Relatividad Musical” es cool reivindicar a James Taylor, probablemente no lo sea, me da igual. Pero ahora que el panorama musical se encuentra dividido entre los que follan sin follar a ritmo de reggeton o, peor, los que observan con admiración a grupillos que miden su talento por el tamaño de sus gafas de pasta, yo si he de elegir, amigos míos, me quedo con la opción anticool y “babas”.

 

IKER ATXAGA   

 

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