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#25
 
 
       
   

narraciones desde el barril de amontillado

"en la ciudad: pasado "

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Subiendo por una carretera estrecha y llena de curvas un hombre se dirige a la parte más alta de la ciudad para verla en todo su esplendor. Conduce sin miedo, conoce la carretera como si de la palma de su mano se tratara. Desde la parte más alta del monte la vieja ciudad aparece encajonada entre los valles. Poco a poco se ha ido comiendo a la naturaleza y sus brazos se han ido extendiendo hasta parir barrios y moradas por todas las laderas. El hombre aparca su coche en el mirador más alto de la ciudad. Lugar donde las jóvenes parejas, al caer el sol, se dedican a mostrarse como son realmente. Desnudan sus cuerpos y entre gemidos se van conociendo unos a otros.


El hombre sale del coche, se pone su trenca marrón porque el frío ahí arriba es intenso y fuma su cigarrillo apoyado en una barandilla verde y oxidada. La ciudad le parece preciosa y a la vez extraña, le cuesta reconocer sus lugares favoritos. Distingue que la entrada oeste está a tope de circulación y los vehículos se encuentran parados. El antiguo estadio de fútbol se encuentra desierto y a su vera los edificios bancarios aparecen altivos y poderosos.


Un viejo caminante le pregunta al hombre que porque no está abierta la cervecera. “Sólo abre en verano, amigo” le contesta nuestro hombre. El viejo caminante se retira pensativo. El hombre saca una fotografía de su cartera. Está bastante vieja y manoseada. Es una foto de él cuando era más joven y alocado. Aparecen como custodiándole otros dos jóvenes, un chico y una chica. Son los tres muy atractivos y la felicidad se refleja en sus rostros. Hace ya muchos años de esta fotografía. Eran otros tiempos. La sociedad acababa de conseguir su libertad y los jóvenes tenían toda la vida por delante. El hombre recuerda esos tiempos llenos de ilusión y esperanza. “Lucharemos por ser felices” siempre decían entre risas. También eran tiempos de experimentación. El hombre recuerda su primera relación sexual y su primera experiencia con la heroína y realmente no sabe que orgasmo fue mejor. El hombre recuerda y en sus pensamientos se mezclan la melancolía, la alegría, la nostalgia y la tristeza. Recuerda la falta de información y la falta de conocimiento. Recuerda el día que ella murió de sobredosis. Aquel fatídico día su amigo y él subieron al mismo mirador y se apoyaron en la misma barandilla para consolarse mutuamente.


La vida le ha dado muchos golpes a nuestro amigo pero ese fue el primero que recibió y todavía lo recuerda como si acabara de pasar. Una vez más ha tenido que subir aquí arriba. Ha subido desde el hospital, lo mira y ve las antiguas cruces marcadas en sus tejados. Su amigo, el tercer miembro de la fotografía acaba de fallecer, el sida ha podido con él. Toda una época ha desaparecido con su muerte, ya sólo le queda una fotografía vieja y descolorida. Le suena el móvil. Es su mujer. Su hijo pequeño acaba de aprobar la parte práctica del carnet de conducir. Hay que celebrarlo, se irán a comer todos juntos a un restaurante argentino cercano a la remodelada estación de autobús. Nuestro hombre mira su pasado por última vez y lo guarda en su cartera en el compartimento más oscuro.


Arranca su coche y se despide. La vida sigue...

A LUCÍA
A COES





El Mariachi

 

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